Quizás eras tú | Relato

Diana siempre pensó que su suerte en el amor no era la más deseable, si se podría definir de esa manera. Pero cuando su nuevo novio la engañó en menos de un mes de estar saliendo, supo que la situación era peor de lo que creía. No era la primera vez que le sucedía. Su anterior novio, un compañero de secundaria del que había estado enamorada por, al menos casi toda la vida, le pretendió el cielo cuando se encontraron mágicamente en un café de Nueva York. Todo iba como un cuento de hadas. El chico que no le prestaba atención ahora moría por ella, ella seguía muriendo por él y ambos se encontraban en el mejor momento de sus vidas.O eso es lo que creía ella.

Resulta que su príncipe azul no era ningún príncipe azul, sino más bien un malvado villano mentiroso que le había montado un escenario de mundo mágico. Él tenía una esposa en la ciudad que dejó para aceptar un trabajo en Nueva York, e incluso una vida. Con ella pretendía tener una doble vida y obtener lo mejor de ‘los dos mundos’, como lo definió Diana. Así que eso la devastó pero no la hizo polvo. Se levantó, siguió adelante y entonces volvió a chocar contra una pared de plomo. La pared con la que había estado chocando por muchos años de su vida.

Hizo lo que siempre hacía cuando alguien la engañaba, pasar a comprar un par de envases de helado, alquilar unas películas y encender la computadora para charlar con su mejor amigo, que se encontraba en el otro lado del mundo. Ella sentía que era el único hombre con el que podía charlar, aunque a veces fuese amargado, frío y distante. Marcó a su nombre, y luego de dos intentos, él respondió.

Notó rápidamente los envases de helado y la película de fondo por lo que el suspiro profundo no sorprendió a nada. De nuevo tenía esa expresión en su rostro. Ella le dijo que no se atreviera a repetir las mismas palabras de siempre. Sin embargo, él hizo caso omiso y las pronunció. “Te lo dije”. Afirmó con pesar el hombre al otro lado de la pantalla. Pasando de todo el protocolo repetitivo, Diana quiso centrar la conversación en él, en sus planes, pero últimamente se había vuelto más reacio a ser sincero, sobre todo cuando comenzó a salir con este último chico.

Sin previo aviso, el joven fue cortante a tal grado que tuvieron una discusión. Eso la devastó más. Su suerte había empeorado. De hecho, capaz no era mala suerte, sino una maldición. Pasaron los días sin saber de su última relación y de su mejor amigo. Por primera vez se encontraba sin apoyo emocional hasta que la puerta clamó su presencia.

Sin fuerza, y con la cara desecha, Diana abrió la puerta y se encontró la sorpresa más agradable de su vida. En ese momento sintió algo que no había sentido en mucho tiempo: emoción. Su mejor amigo se encontraba frente a ella, con un ramo de flores y un par de envases de halados.

En el momento en que lo abrazó supo que había algo diferente, algo en las emociones que se le revolvía junto con el estómago. Era raro. Demasiado. Y jamás había pensado en eso. Pero quizá, solo quizá, su suerte había cambiado por primera vez para mejor.



Fuente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *